Un papel pintado
Debe ser de los recuerdos de más chico que tengo. Ni siquiera sé qué edad tenía. Cinco, seis, siete años. Más no.
Mi papá me llevó a ver a un amigo suyo a Patronato. El tipo era alto y gordo, y tenía un bigote de uso bastante popular en el barrio. No me acuerdo de su nombre, pero sí de su nacionalidad: libanés. Tampoco me acuerdo de cuando entramos a verlo, de cuando nos fuimos, ni de nada de lo que hablamos que no fuera esto: en un momento sacó un billete grande -como del doble del porte de los billetes que yo conocía-, de color rojo y amarillo, con un árbol en el medio. Aunque nunca había visto un billete así, para mí era claro que era eso, un billete. El libanés me lo puso frente a la cara y me preguntó: "¿Sabes que es esto, Mario?". No sé qué le respondí exactamente, pero seguro dije "dinero" o algo así. El libanés me corrigió: "No, Mario. Esto es un papel pintado". Imposible dejárselo más claro a un niño lo suficientemente despierto de cinco, seis o siete años.
Parte de lo mucho que te agradezco, viejo. Enseñarme a ver las cosas por lo que verdaderamente son.
